Tres meses sin comida en casa



                                                 Imagen generada con inteligencia artificial

Hay vecinos en Elda que llevan años esperando a que alguien toque el timbre a mediodía. Gente mayor que vive sola, que ya no puede ponerse a cocinar, y que come lo que le traen a casa. No es un servicio más del Ayuntamiento. Para muchos de ellos es la única comida caliente del día y, algunos días, la única persona a la que ven.

Entre abril y el 1 de julio de 2025, en Elda, ese timbre no sonó. Tres meses. No lo digo yo: lo dice por escrito la propia Directora del Instituto Municipal de Servicios Sociales, contestando a una petición de información que presenté como concejal.

Hoy el servicio vuelve a tener un contrato en regla. Por eso puedo contarlo entero, con las fechas y los papeles delante, sin que nadie piense que lo saco para hacer ruido. Lo cuento porque creo que la gente de Elda tiene derecho a saber cómo se llegó hasta ahí.

De dónde viene todo esto

Los programas se llaman Menjar a Casa y Major a Casa. El primero lleva la comida al domicilio. El segundo añade los fines de semana y la limpieza de la casa dos o tres días por semana. Hasta el 30 de junio de 2022 los prestaba la Generalitat. Desde el 1 de julio de ese año pasaron a los ayuntamientos.

Esto es importante para entender lo que vino después. A Elda no le cayó encima una emergencia imprevista. Le comunicaron con antelación que a partir de una fecha concreta el servicio era suyo. Tenía el aviso, tenía la financiación comprometida con la Consellería y tenía tiempo para preparar una licitación en condiciones.

Lo que pasó fue otra cosa.

Una licitación que se cayó por un error en el pliego

En mayo de 2022 el Ayuntamiento saca el servicio a licitación. Se presentó una empresa. Y el Ayuntamiento desistió, es decir, tiró el procedimiento a la basura, porque había un error en el pliego de condiciones técnicas. El error lo escribió el propio Ayuntamiento.

A partir de ahí empieza el parcheo. Como había que dar de comer a la gente de todas formas, se fueron firmando contratos menores, uno detrás de otro, con la misma empresa. Ocho en menos de un año y medio. Julio a septiembre de 2022. Septiembre a diciembre. Diez días sueltos de diciembre porque se había agotado el presupuesto. Enero. Febrero. Marzo. Abril a junio de 2023. Julio de 2023.

Un contrato menor es una herramienta para lo pequeño y lo puntual: se adjudica directamente, sin concurso público. Encadenar ocho seguidos para sostener un servicio permanente no es lo que la ley tiene en la cabeza cuando lo permite. Y el resultado es siempre el mismo: menos concurrencia, menos empresas compitiendo y menos garantías de que estemos pagando el mejor precio posible.

El contrato que hubo que romper

En agosto de 2023 por fin hay contrato de verdad. Se adjudica a una empresa de catering por 241.637 euros. Firmado, sellado y en marcha.

Duró menos de un año. El 23 de julio de 2024 el Ayuntamiento resuelve el contrato por incumplimiento de la empresa. Cuando un ayuntamiento llega al punto de romper un contrato por incumplimiento, es porque las cosas no se estaban haciendo bien y había quedado acreditado en un expediente.

Y vuelta a empezar. Cuatro contratos menores más, esta vez con otra empresa, para ir cubriendo los huecos: agosto de 2024, de septiembre a octubre, de noviembre a diciembre, y de febrero a marzo de 2025. Solo en 2024 son 34.650 euros sin IVA a la misma empresa por el mismo servicio, en contratos bimensuales de entre 6.650 y 14.700 euros. La ley fija el tope del contrato menor de servicios en 15.000 euros sin IVA y prohíbe expresamente fraccionar el objeto para no llegar a ese límite. Si esos mismos contratos hubieran sido trimestrales, lo habrían superado.

Que cada uno saque su cuenta de cuántas veces ha cambiado de manos la comida de nuestros mayores en tres años.

Los tres meses en los que no hubo servicio

Aquí está lo que más me duele de todo este expediente.

El último contrato menor acabó el 31 de marzo de 2025. El contrato nuevo no empezó a prestarse hasta el 1 de julio de 2025. En medio queda abril, mayo y junio. Y en medio no hubo servicio.

Esto no es una sospecha mía ni una interpretación de papeles. Lo reconoce el Ayuntamiento por escrito. Cuando presenté la petición de información y me contestaron oficialmente, la respuesta dice que desde abril de 2025 y hasta el 1 de julio de 2025 no se presta el servicio. Está firmado por la Directora del Instituto Municipal de Servicios Sociales el 24 de julio de 2026.

Detrás de esa frase hay personas concretas. Vecinos de Elda, mayores, muchos de ellos solos, que durante tres meses tuvieron que resolverse la comida como pudieran. O con la ayuda de un hijo, si lo tienen cerca. O de una vecina. O no resolverla.

A nadie se le ocurrió explicar esto en un pleno. Hubo que preguntarlo.

Una prórroga en un contrato que no se podía prorrogar

El contrato que arrancó el 1 de julio de 2025 era de un año. Venía a 132.002,20 euros y acababa el 30 de junio de 2026. Su pliego dice, con estas palabras, que la duración será de un año sin posibilidad de prórroga. Y el contrato firmado lo repite en su cláusula segunda: no se contempla la posibilidad de prórroga.

Llegado junio de 2026, el contrato nuevo no estaba listo. Así que se prorrogó tres meses, hasta el 30 de septiembre, acogiéndose a un artículo de la ley de contratos que permite estirar un contrato cuando el siguiente no ha llegado a tiempo. Es decir, el mismo Ayuntamiento que escribió sin posibilidad de prórroga terminó prorrogando.

Y luego hay un detalle que dice mucho de con qué cuidado se están redactando estos papeles. El informe de Intervención que autoriza la prórroga tiene una casilla que pregunta si la prórroga estaba prevista en el pliego. Está marcada que sí. Tres páginas más adelante, el mismo informe copia el pliego y el pliego dice que no. Las dos cosas, en el mismo documento firmado.

No es el único. Otro informe del mismo expediente concluye, en una sola frase, que el análisis ha resultado no favorable y que se emite informe sin reparos. Las dos afirmaciones a la vez. Yo entiendo que es un error de plantilla, de copiar y pegar. Pero es que hablamos de los documentos con los que se controla el dinero público.

Hay algo más, más pequeño pero igual de raro. Tres meses de ese contrato, a precio de contrato, son 33.000,55 euros. La prórroga se dotó con 32.500. Faltan 500,55 euros y el expediente no explica por qué, cuando el artículo que se invoca obliga a prorrogar sin cambiar las demás condiciones. No es mucho dinero. Es que debería cuadrar.

El aviso que dio Intervención y que nadie contó

Este servicio no lo paga entero el Ayuntamiento. Se financia a través de un acuerdo con la Generalitat que se llama Contrato-Programa y que se renueva cada cuatro años.

Cuando Intervención fiscalizó la adjudicación del contrato, dejó escrita una advertencia: el Contrato-Programa 2025-2028 estaba todavía sin aprobar y el anterior ya había vencido. Y avisó de lo que eso significaba. Si al firmar el contrato seguía sin aprobarse, habría que declarar que no había crédito disponible, o pagarlo con fondos propios del Ayuntamiento. Con el dinero de los eldenses, en vez de con el de la Generalitat.

Al final el Contrato-Programa se aprobó en el pleno del 25 de julio de 2025 y se firmó el 7 de agosto. O sea, después de que el servicio hubiera empezado el 1 de julio. Salió bien. Pero se firmó un contrato teniendo por delante la posibilidad de quedarse sin la financiación que lo sostiene, y eso los vecinos no lo supieron en su momento.

Cómo está hoy la cosa

La buena noticia es que esto termina bien. En julio de 2026 el Consejo Rector del Instituto Municipal de Servicios Sociales adjudicó el nuevo contrato a Serunión por 447.848 euros, con dos años de duración y posibilidad de prorrogarlo otros dos. Veinticinco plazas de Menjar a Casa y veinticinco de Major a Casa. Por primera vez en cuatro años hay un contrato con vocación de durar.

Eso hay que decirlo, y lo digo con gusto. Que un servicio para mayores deje de ir a salto de mata es una buena noticia para Elda, la firme quien la firme.

Lo que voy a seguir vigilando es esto. Que las cincuenta plazas se cubran de verdad y que no haya vecinos en lista de espera esperando a que quede un hueco. Que el servicio se preste todos los días que el contrato dice que se presta. Y que cuando este contrato se acerque a su final, en 2028, el siguiente esté licitado con tiempo, y no otra vez a última hora.

Porque el problema de fondo nunca fue la empresa que estuviera de turno. Fue la falta de previsión. Cuatro años para conseguir un contrato estable en un servicio cuya fecha de traspaso se conocía de antemano.

Por qué lo cuento si ya está arreglado

Me lo he preguntado antes de escribir esto. Si el servicio funciona, ¿para qué remover? No se trata de remover, lo dejo aquí escrito para guardarlo en mi memoria. Además, lo que no se cuenta, se repite. Y porque los tres meses que aquellos vecinos pasaron sin que les llevaran la comida a casa no desaparecen del calendario porque ahora las cosas vayan bien. Pasaron. Y nadie ha pedido perdón por ellos.

Yo no me dedico a esto para ganar discusiones en un pleno. Me dedico a esto porque cuando una persona mayor de Elda se queda sin su comida, alguien tiene que ir a mirar los papeles y preguntar qué ha pasado. Esa es la parte del trabajo que nadie ve y es la que de verdad importa.

Si usted, o su padre, o su madre, o un vecino suyo tiene algún problema con este servicio, con las plazas, con los menús o con la limpieza, dígamelo. Preguntar por escrito en el Ayuntamiento es exactamente para lo que estoy aquí.



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