Lo que ves en mí, es reflejo tuyo
El espejo es de quien mira: Por qué tus etiquetas no son mi realidad
En las mesas informativas vivo la realidad del resultado de las etiquetas que nos ponen y con las que tenemos que lidiar en la calle y también día tras día, al cruzar la puerta del Ayuntamiento o al publicar una propuesta, me encuentro con ese fenómeno curioso: personas que no me conocen de nada ya han decidido quién soy. Basta con que sepan a qué siglas represento o a quién he votado para que se active un mecanismo de clasificación automática.
Hoy quiero hablar de esto, no desde la queja, sino desde una convicción que guía mi salud mental y mi labor política: las etiquetas que me ponen no son responsabilidad mía; dicen mucho de quien las pone y muy poco de quien las recibe.
La etiqueta como atajo mental
Vivimos en un mundo de prisas donde analizar la complejidad de un ser humano da pereza. Es más fácil decir "es de tal bando" o "pertenece a tal corriente" que pararse a escuchar un argumento. Cuando alguien me etiqueta de forma despectiva o me encasilla en un "ismo", está usando un atajo mental.
Esa etiqueta es su proceso interno, su prejuicio y su limitación. No es mi espejo. Si tú decides que soy "x" basándote únicamente en mi papeleta de voto, estás proyectando tus miedos o tus fobias sobre mi figura. Eso es algo que ocurre en tu mente, no en la mía, y no determina lo que yo digo, si no lo que tú decides oír.
Si dices que soy -"lo que sea que digas que soy"- lo que escucho es totalmente dependiente de que las etiquetas que me pones, son emocionales y abstractas, y son tuyas. No definen lo que soy, son tuyas. A mi me dan igual. No resueno con ellas. No me afectan. No hay más. Si a veces me defiendo, no es por mí, si no por las personas a las que represento a las que lastras con tu percepción.
Mi gestión, en cambio, se basa en hechos, en datos objetivos y con la mirada puesta en el bienestar común. ¿Porqué? Pues porque digo, que es lo que siento cuando estoy trabajando y lo proyecto.
Los datos no tienen ideología de trinchera; tienen resultados.
Por otra parte está como yo me siento, sé cuáles son mis valores y sé por qué trabajo cada mañana. Si tu definición de mí no encaja con mi realidad, el conflicto lo tienes tú con tu percepción, no yo con mi identidad. Yo no tengo ese conflicto; yo estoy ocupada trabajando. El conflicto es tuyo.
Me duele ver cómo se intenta manipular a los ciudadanos lanzando mentiras rápidas, confiando en que nadie las contrastará. Se etiqueta al adversario para deshumanizarlo y que así sus verdades dejen de importar.
Pero mi responsabilidad como Concejal es seguir trabajando. Sin parar. Esa es mi única responsabilidad. Intento no entrar en el juego de "etiqueta contra etiqueta", aunque a veces, haya de defenderme de ello por la gravedad de las palabras que se emiten. Y no por mí...como ya he dicho.
Yo puedo decir, que mi respuesta siempre será la verdad desde la que yo trabajo. Si alguien quiere desvelar una mentira, le bastarán cinco segundos de contrastar. Al que no comprueba, al que se deja llevar por el insulto fácil, solo puedo ofrecerle mi trabajo diario como prueba de lo contrario. No tengo nada más en mis manos que ofrecerle. Trabajo.
No puedo evitar lo que pienses de mí, ni la etiqueta que me cuelgues al pasar. Eso es cosa tuya y, en última instancia, es un peso que cargas tú. Mi labor es seguir siendo fiel a un ejercicio de coherencia entre lo que digo, lo que siento y los datos que presento. Esto para mí es lo más importante.
Al final y poco a poco, las etiquetas se caen solas. Lo que queda es el trabajo bien hecho y la tranquilidad de saber que mi identidad no depende de un dedo que me señala, sino de la mano que tiendo y el empeño que pongo en mi trabajo.

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