Energía solar sí, pero no a costa de nuestros campos, nuestra biodiversidad y la vida de las personas.


Siempre he defendido que las cosas, cuando se hacen, hay que hacerlas con sentido común y respetando la realidad de la calle.

 En los últimos años, nos han impuesto una llamada "transición ecológica" a golpe de ideología, prisas y decretos que, al final, siempre terminan pagando los mismos: el ciudadano de a pie, el agricultor y los sectores productivos. No se trata de estar en contra del progreso ni de las energías alternativas; se trata de estar en contra de la manera tan irracional en que se están gestionando.
Es indignante ver cómo se llenan la boca hablando de proteger el planeta mientras, al mismo tiempo, se autorizan macroparques fotovoltaicos que destruyen hectáreas de campos de cultivo, talan masas forestales y alteran por completo el paisaje rural de nuestras regiones. ¿Qué sentido tiene destruir el medio ambiente y la biodiversidad para instalar energía supuestamente "limpia"? Es una contradicción absoluta que perjudica a nuestra soberanía alimentaria y a nuestro entorno.

Por eso, hay que utilizar el sentido común y poner en marcha ideas como por ejemplo - es solo un ejemplo de los que se me ocurren- las autopistas cubiertas con pérgolas solares. Estás ideas o otras que hay que tener en cuenta y escuchar demuestran que hay otra vía: la de la lógica y la gestión eficiente, sin sectarismos.

Aprovechar lo ya construido, no destruir lo que funciona debe ser una máxima frente al modelo actual de expropiación y ocupación masiva de suelo virgen.

Este tipo de  planteamientos ofrecen soluciones reales y ordenadas:
 * Impacto cero en el territorio y el sector primario: Al instalar las placas solares sobre el trazado de las carreteras y autovías que ya existen, no se invade ni un solo metro de campo, no se toca una sola zona arbolada y se respeta el suelo agrícola. La energía se produce allí donde ya está urbanizado, sin perjudicar a quienes viven del sector primario.
 * Una inversión útil para el conductor: Convertir los tramos viales en "túneles de sombra" ofrece un beneficio directo e inmediato para los usuarios. Protege el asfalto del desgaste climático, reduce la temperatura de la vía en verano y evita el sobrecalentamiento de los vehículos, mejorando la seguridad vial de todos sin coste de espacio adicional.
 * Compatibilidad con el día a día de las personas: No se obliga a nadie a cambiar su modo de vida ni se imponen restricciones arbitrarias. Es una forma de aprovechar los recursos de manera inteligente, sumando infraestructuras útiles en lugar de restar libertades o destruir el paisaje local.
La prioridad de cualquier gestión pública debe ser siempre el bienestar común y la defensa de los intereses reales de la población, de manera justa, objetiva y basada en datos verificables. No podemos permitir que la agenda verde de unos pocos arruine el patrimonio natural y económico de todos.
El verdadero avance consiste en utilizar los recursos de forma racional, optimizando el espacio que ya hemos transformado y dejando la naturaleza en paz. Las infraestructuras viarias del futuro deben servir para conectar a las personas y, de paso, generar energía de manera eficiente, sin interferir en la vida ni en la libertad de los españoles.

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