9.680 euros y un macetero que nadie movió: la pequeña historia que explica el hartazgo de Elda
Hay imágenes que dicen más que cualquier discurso. Una calle de Elda, en pleno mes de fiestas, con los maceteros todavía guardados en el almacén municipal. Dos semanas sin ellos. Mientras tanto, el Ayuntamiento paga 9.680 euros por un contrato de transporte de cinco meses para moverlos.
No es una cifra enorme dentro de un presupuesto municipal. Y por eso mismo importa: porque es pequeña, cercana, fácil de entender, y porque en esa pequeñez se ve con total claridad cómo se gestiona lo de todos.
Lo compartí hace unas semanas en un vídeo corto, casi sin darle más vueltas, con la cámara en la mano por la calle. No esperaba que llegara tan lejos: más de 27.000 visualizaciones, cerca de cien personas compartiéndolo, más de un centenar de comentarios. Detrás de esas cifras hay algo muy sencillo: mucha gente de Elda se sintió reflejada. No por rabia, sino por reconocimiento. Todos hemos visto alguna vez ese cartel de "disculpen las molestias" que lleva ahí meses, esa obra que no avanza, ese servicio que cuesta más de lo que rinde.
Quiero ser justa: contratar un servicio externo no es, en sí mismo, un error. Hay tareas que tiene sentido externalizar. El problema no es que exista un contrato de transporte; el problema es no preguntarse si compensa, si se está usando bien, si hay una alternativa más barata y más lógica. En este caso la proponemos nosotros mismos: personal municipal y un camión propio, que con el coste de este único servicio ya casi se habría pagado solo. No es una ocurrencia, es sentido común aplicado a los números.
Y el sentido común, en política municipal, no debería ser una postura de partido. Debería ser el mínimo exigible. Cuando una vecina o un vecino de Elda paga sus impuestos, no pide grandes gestas: pide que ese dinero se cuide como si fuera el suyo, porque lo es. Que no se pague de más por comodidad. Que no se firme un contrato porque "siempre se ha hecho así". Que alguien, en algún despacho, se haga la pregunta que cualquier vecino se haría delante de su propia economía doméstica.
Como concejal, mi trabajo no es solo señalar lo que falla. Es también proponer, fiscalizar con datos y no con gritos, y no rendirme aunque muchas veces la respuesta sea el silencio. Esto seguirá pasando mientras no se le ponga nombre y cifra encima de la mesa, así que ahí seguiremos: con los maceteros, con los contratos, con cada euro.
Esta semana sin ir más lejos, los bomberos han estado haciendo fotos y subiendo escaleras más allá de las luminarias. Se rumoreaba que hay denuncias por medio. Veremos en qué queda todo esto. ¿Lo peor?
El silencio ensordecedor del gobierno municipal. No cuesta nada dar explicaciones.. aunque a algunos parece que sí.
Podéis ver el video del estado aquí.
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