La batalla entre la verdad y la mentira.
Hoy, tomando café y esperando a un ciudadano que tiene cosas que contarme, me encontré en la mesa de al lado con un hombre que me observaba. Le sonreí porque me miraba; no para pedir nada, sino para mirarme a los ojos y soltarme, tranquilo y firme: “Usted parece buena gente. Me han dicho que lo es. Pero jamás votaré a su partido. Si es usted buena persona como dicen no se que hace ahí. Yo no apoyo a quienes excusan dictaduras”. Esa frase, en la boca de un hombre desconocido, me atravesó. Me sigue atravesando cada vez. Es un relato que me encuentro continuamente. Me atravesó no por ofensa, sino por una certeza profunda y triste: la mentira a cerca de VOX ganó la calle hace tiempo y el trabajo para desmontarla es arduo. Le invité a un café. Y allí, en primera persona, como político local, como vecino, le conté lo que nunca verá en los titulares. “Comprendo cómo se siente”, le dije, “si yo me informara solamente por la televisión, quizá pensaría lo mismo. Pero permí...