Tiempos de crispación. Mantengamos la mente fría
Buenos días.
Mientras preparo el primer café –ese aroma que promete claridad antes de que el día se complique–, no puedo evitar pensar en el ruido que inunda nuestra ciudad. No el ruido del tráfico o las obras,-que también- sino otro más sordo, más dañino: el de la crispación, la acusación arrojada como vómito, la sospecha fácil, esa corriente que parece querer arrastrarnos a todos hacia un pozo de acusaciones sin fondo.
Malos tiempos para los demócratas.
Necesito hablar claro, desde aquí, con la tranquilidad que da la taza humeante y la responsabilidad de este cargo. Porque hay cosas que se están tergiversando intencionadamente sin duda alguna, y mi conciencia pide a gritos poner los puntos sobre las íes.
Primero. La presunción de inocencia no es una frase bonita para los libros de derecho; es la columna vertebral de un Estado de Derecho digno de ese nombre. Defenderla no significa hacer la vista gorda ante posibles delitos o irregularidades. Significa exigir pruebas, garantías, procesos justos. Significa rechazar el linchamiento público, esa práctica tan ruin como extendida donde se condena por titulares o por el volumen del griterío. Por mucho que ciertos sectores, ansíen sangre en la plaza, yo me niego a ser verdugo sin sentencia. Investigar con rigor sí. Condenar sin pruebas, jamás.
Segundo: Mi política no es de griterío ni de kamikaze. Que vote en contra de ciertas propuestas del gobierno municipal, que critique con firmeza lo que considero errores o injusticias, que no me pliegue al "pensamiento único" que pretenden imponer, no me convierte en un agitador vociferante. Tengo derecho a no estar de acuerdo. Todo el derecho. Hay quien confunde la convicción desde la que hablo con la barbarie dialéctica. Yo aspiro a hacer política seria: argumentada, documentada, basada en principios, no en gritos o en el deseo de incendiar por incendiar. Eso, ya lo hacen otros. Soy diferente y me enorgullezco de serlo. Puedo ser un opositor duro, sí, pero intentaré por todos los medios llevar siempre la camisa limpia de la demagogia. Mi objetivo no es dinamitar por placer, sino construir algo mejor, aunque para ello haya que decir "no" con rotundidad a todo aquello que creo perjudica a nuestra gente. Ser firme no es ser kamikaze. Es ser responsable.
Tercero, y esto es crucial: No soy soldado de ninguna vendetta personal. Conozco los rumores, las presiones sutiles (y a veces no tan sutiles) para que me convierta en el "paladín" de tal o cual causa personal contra el líder de turno. Aquí no hay seguidismo que valga. Yo no cargo lanzas ajenas. Mi bandera, todo el mundo sabe cual es, y va acompañada con otra bandera, la de mis ideas, mis valores y el bienestar de los vecinos que represento. Soy abanderada únicamente de mis propias posiciones políticas, nacidas de la reflexión y el compromiso con mi ciudad y con mi país. No me alisto en guerras privadas de otros, ya tengo suficiente con las mías, ni presto mi voz a rencores ajenos, por mucho que insistan en encasillarme en ese papel. Mi lealtad es con mis principios.
Y por último, una aclaración necesaria: Sólo respondo por mis palabras. No por los ecos deformados que generan, ni por las interpretaciones torticeras que algunos, desde la oposición o desde donde sea, quieran darles interesadamente a mis palabras y acciones. Soy responsable de lo que digo, con toda la claridad que intento poner en ello. No soy responsable de lo que otros quieran oír o decidan malinterpretar y difundir para sus propios fines. Manipular el discurso ajeno es un juego sucio en el que no participo. Lean lo que escribo, escuchen lo que digo en el pleno. Ahí está mi pensamiento, sin filtros maliciosos y luego de hacerlo ya tienen el derecho de juzgarme, porque ustedes, hace dos años que me pagan el sueldo, y todavía quedan otros dos. Por lo tanto si, juzguen mi trabajo.
La política puede y debe ser mejor que este barrizal de acusaciones fáciles, seguidismos ciegos y crispación estéril en la que demasiadas veces ya, nos vemos inmersos.
No queremos interferir en la labor de la justicia, veremos lo que pasa tras el día 28, y entonces diremos lo que tengamos que decir.
Requiere valor para nadar contra corriente, para mantener la cabeza fría cuando todo invita al calor del insulto, y he de recordar que, al final, lo que está en juego es la convivencia y el futuro de nuestra ciudad.
Sigo aquí, con el café ya frío y la convicción caliente. Trabajando, criticando donde hay que criticar, proponiendo, y sobre todo, defendiendo una forma de hacer política que no me avergüence cuando me miro al espejo.
Molesto, lo sé, en VOX somos diferentes, pensamos diferente a todos los políticos de siempre porque VOX, nació precisamente del hastío de un puñado de personas, que cansados de este tipo de política, pensaron que tenían que hacer algo para cambiar de una vez por todas todo esto. VOX, es un proyecto de país, es un sentimiento, es un movimiento social y patriótico que trabaja en una única dirección desde que nació. Devolver a los españoles su soberanía y para ello, afortunadamente ya luchamos desde los municipios también.
Cada día, conseguiremos que más gente nos escuche, no a través de los medios, no a través de otras voces, si no directamente de la nuestra y entonces, todo cambiará y habremos conseguido que el sentido común se imponga y se acabe todo esto.
Estoy muy orgullosa de pertenecer a esta formación política, llena de gente seria, buena, consecuente. Y rezo cada día para ser digna, de llegar al 2027 y poder haber devuelto a Elda, un poco de la dignidad que le han robado. Solo me debo a este proyecto. Juzguen desde hace dos años y durante los dos próximos, porque es el tiempo que he obtenido en las urnas para darles. Mientras tanto ayudaré a todo el que pueda por el camino, pero en las "vendettas" personales no, ahí no me esperen, esas que cada uno luche la suya.
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