PUNTO 2. LA INOCENCIA DE LOS NIÑOS NO SE TOCA
Promover acciones de sensibilización, promoción y educación en diversidad y defensa de los derechos del colectivo Lgtbi entre la población, en colaboración con las entidades Lgtbi del territorio, especialmente en la infancia, adolescencia y juventud.
Este el el segundo punto que se votó. Como responsable municipal, observo con detenimiento todo lo que contiene un texto. Y este punto contiene términos que hay que tener muy en cuenta, porque dan poder para hacer acciones que tendrán impacto en la vida de TODOS. Palabras como PROPONER ACCIONES, PROMOCIÓN, ENTIDADES LGTBI, ESPECIALMENTE EN LA INFANCIA, ETC... tienen una intención clara expresada, y esa intención expresada, puede no ser del agrado de muchísima población en nuestra ciudad.
¿Puede una propuesta municipal imponer moralidad en los más vulnerables? ¿Debe hacerlo? Quienes llevamos décadas viendo cómo el poder viste de "virtud oficial" sus dogmas, sabemos la respuesta: la moralidad no nace de los edictos del Estado, y en lo municipal tampoco y mucho menos con el dinero publico DE TODOS.
Imponer moralidad no es digno de un país democrático. Al contrario. Y de esto no parecen darse cuenta los gobernantes de Elda, que creyéndose poseedores de una superioridad moral, quieren acudir a las aulas de nuestros niños y jóvenes para adoctrinarles. Lo normal sería, que a los niños les hablaran expertos, psicólogos, médicos, como pasaba antes, como se hizo desde siempre etc. y con el conocimiento de sus padres. Pero en el Pleno del 30 de Junio en su punto dos votamos que un grupo de personas del colectivo LGTBI, les enseñe moralidad a nuestros hijos. Eso es lo que se votó a favor.
El gobierno municipal es como un mini estado. Puede regular actos, castigar delitos, proteger derechos. Pero jamás podrá fabricar virtud desde un despacho a su pensamiento ideológico. Esto, no debería ser así en democracia, porque la ética auténtica:
Es hija de la libertad, no de la obediencia ciega.
Se teje en la intimidad de cada familia, comunidad o tradición espiritual.
Se corrompe cuando la coacción disfraza de "bien común" lo que solo es control.
Cuando el poder dice "esto es lo bueno", suele significar "esto es lo útil para mí". Bajo banderas distintas a la que a todos nos une, se persigue al que reza distinto, al que educa a sus hijos con valores que no están en el manual oficial del gobierno de turno.
¿Acaso no es la familia —esa pequeña patria del corazón— la primera escuela de lo justo y lo compasivo? Un padre que enseña honradez, respeto a los demás, que educa a sus hijos según sus propias creencias , no necesita de la injerencia del ayuntamiento en las mentes de sus hijos.
El Estado y por lo visto este ayuntamiento, pretende ser confesor, juez y predicador olvidando que la conciencia no es territorio conquistable. Cada intento de uniformarla con máquinas de propaganda, libros de texto únicos o comisarios culturales solo produce dos cosechas: hipocresía en público, y resistencia en privado.
Debemos hacer que el poder reconozca sus límites. Que garantice justicia, por supuesto, pero que jamás osé decirnos cómo ser buenos. Ese tema pertenece a los padres que han traído a su hijo al mundo, incluso a la abuela que mece a su nieto...
Al final, solo hay una moralidad legítima: la que garantiza que todas las demás puedan coexistir sin imposiciones ni miedo.
La inocencia de los niños no se toca.

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