LA BALANZA ENTRE EL PODER Y LA VERDAD. El insulto como argumento
La verdad ante la mentira.
Ayer, en el pleno municipal, viví otra de las situaciones grotescas que suelo vivir en mi corta historia política. No sólo por los insultos —que los hubo, graves y cobardes—, sino también por la perversión de la verdad que algunos ejercen como arma. Permítanme explicarles qué ocurrió realmente en el Pleno pues mi voz, sin grandes medios tras de sí, merece al menos este espacio y llegar a alguno de ustedes
No se puede votar a favor un documento que dice "condenar rotundamente cualquier forma de racismo, violencia o discurso de odio, así como cualquier intento de dividirnos o atacar la dignidad de las personas por su origen, identidad o creencias", con los que sistemáticamente, me atacan, me insultan y me cancelan por mis creencias, es decir, por pensar diferente. ¿Cómo voy a votar a favor junto con alguien que me ataca por mis creencias, un documento que dice públicamente que CONDENAN HACER LO QUE HACEN ?¡Es imposible!, es ridículo pensar que eso se puede votar si hay un poco de sentido común en la acción política.
No es decente presentar una firma en un documento de un tercero, diciendo que condenas cualquier forma de racismo, violencia o discurso de odio, cuando estás ejerciendo la violencia verbal, psicológica y utilizas el discurso de odio habitualmente contra el que tienes enfrente y piensa diferente, y a las pruebas me remito. En cada pleno, mi grupo municipal y directamente yo como portavoz somos insultados sistemáticamente. Da igual lo que digamos, da igual lo que propongamos. Sistemáticamente.
En el Pleno, el gobierno municipal, en lugar de
debatir con ideas, usó su táctica habitual: secuestrar
mi discurso. Me
acusaron de "no decir" lo que SI acababa de expresar alto y
claro. Me acusan de señalar a
los inmigrantes, cuando lo que he dicho es que por culpa de las
fronteras abiertas, entran junto con los buenos que vienen a
trabajar, también los malos, y eso trae consecuencias nefastas para
todos como hemos podido ver estos días atrás. Frente
a las cámaras de la prensa, roban
el sentido a mis
argumentos despojándome
de ellos. ¿La estrategia? Hacerse dueños de la verdad cambiándola ante la
opinión pública, ocultando mi
relato, sabiendo que ellos
tienen altavoces masivos y yo solo este blog y redes sociales. Un
robo a plena luz.
LOS INSULTOS, LA MÁSCARA QUE CAE
Luego vino lo
previsible: los fuertes
ataques. Cuando se quedan sin
argumentos para el debate, insultan.
No simples descalificaciones, sino insultos que cruzan la línea de lo humano. Palabras que incitan al odio, que degradan, y que —no lo duden— pienso que son delitos penales. Los tomaré uno a uno, los documentaré y estudiaré acciones legales si proceden. Porque la política no puede ser un campo de batalla donde se aniquile la dignidad del que piensa diferente. Debatir desde diferentes puntos de vista, es LA BASE DE LA DEMOCRACIA.
PORQUÉ ESCRIBO ESTO
Porque sé que mi alcance es
limitado. Ellos tendrán portadas y titulares, -por
cierto, debidamente orientados a sacar rédito político de ello como
demostraré en el siguiente post-,
pero yo tengo la verdad
y la conciencia tranquila.
A ustedes, vecinos de Elda que me leen, les pido solo esto: difundan esta realidad, ayúdenme a difundir la otra cara de la moneda, básicamente, para garantizar que las dos caras están visibles en la misma proporción para todos los eldenses. No permitan que el ruido de los poderosos ahogue las razones de los que defendemos lo que creemos justo, porque es nuestro derecho pensar diferente, y eso, hasta hace unos años, nunca fue despreciado.
Los insultos pasarán. Las calumnias, también. Pero el sentido común y la transparencia siempre se abren paso, no se debe perder la esperanza y hay que perseverar.
Seguiré aquí, firme, porque este ayuntamiento, el de Elda, merece una política que no tema a la luz.
En pie.
Hasta la última palabra.

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